En tres años, la percepción negativa sobre las apuestas deportivas subió nueve puntos
Hace cuatro años, la legalización de las apuestas deportivas en EE.UU. se celebraba como una victoria de la libertad del consumidor y una oportunidad económica. Los estados competían por aprobar leyes, los operadores abrían mercados, las ligas firmaban acuerdos y el mensaje era de optimismo generalizado. Hoy, el tono ha cambiado de forma medible.
Una encuesta de Pew Research de octubre de 2025 encontró que el 43% de los adultos estadounidenses considera que las apuestas deportivas legalizadas son negativas para la sociedad – frente al 34% que pensaba lo mismo en 2022. Nueve puntos de incremento en tres años. No es un cambio marginal. Es un giro de percepción que afecta al debate regulatorio, a las decisiones políticas y, de forma indirecta, a los mercados en los que apostamos.
Como alguien que lleva más de una década analizando apuestas deportivas, este cambio no me sorprende. Lo que me sorprende es que haya tardado tanto en llegar.
Qué dice la encuesta de Pew Research de 2025 y por qué importa
La encuesta de Pew no preguntaba si la gente apuesta – preguntaba si cree que las apuestas son buenas o malas para la sociedad en su conjunto. Esa distinción es clave. Puedes apostar regularmente y aun así pensar que la expansión de las apuestas tiene efectos sociales negativos. De hecho, muchos apostadores experimentados comparten esa perspectiva: disfrutan de la actividad pero reconocen que la accesibilidad masiva y la publicidad agresiva crean problemas para los más vulnerables.
El 43% de percepción negativa es el dato más citado, pero hay matices relevantes. La percepción varía significativamente por edad – los más jóvenes, expuestos a la normalización de las apuestas en redes sociales, tienen una visión más neutra. Los mayores de 50, que recuerdan una era sin publicidad de apuestas durante los eventos deportivos, son más críticos. También varía por experiencia directa: quienes apuestan tienden a ver la actividad como neutra o positiva, mientras que quienes no apuestan tienden a verla como negativa.
Para el mercado de apuestas, estos datos no son solo sociología. Son el preludio de decisiones regulatorias concretas. Cuando la opinión pública se vuelve contra una industria, los legisladores responden. Y cuando los legisladores responden, los mercados que usamos – los tipos de apuestas disponibles, las cuotas que podemos obtener, las promociones que nos ofrecen – cambian.
Escándalos, publicidad y saturación: los factores detrás del cambio de opinión
No hay un solo factor que explique el giro de percepción. Hay tres que convergen.
Los escándalos de integridad deportiva son el más visible. Los casos de 2025 – jugadores y ex jugadores de la NBA investigados o arrestados por conductas relacionadas con apuestas – ocuparon portadas durante semanas. El público que antes veía las apuestas como un entretenimiento inofensivo empezó a preguntarse si las cuotas que veían en su pantalla reflejaban una competición limpia o un juego manipulado. La duda, una vez sembrada, no se disipa con facilidad.
La publicidad es el segundo factor. Los operadores de juego online en España invirtieron más de 526 millones de euros en marketing en 2024 – 261 millones en promociones y 203 millones en publicidad directa. En EE.UU., el volumen es aún mayor. Cada retransmisión deportiva está saturada de anuncios de apuestas, cada podcast deportivo tiene un patrocinador de apuestas, cada red social muestra promociones de cuotas mejoradas. La saturación publicitaria ha generado una fatiga que el público asocia con la industria en su conjunto, no solo con un operador concreto.
El Super Bowl 2025 generó un récord de 1.390 millones de dólares en apuestas legales. Ese dato fue celebrado por la industria pero recibido con ambivalencia por el público general, que empieza a preguntarse si la integración total de las apuestas en la experiencia deportiva es realmente positiva.
El tercer factor es más difuso pero igualmente real: la saturación social. Cuando las apuestas dejan de ser una actividad que haces de vez en cuando y se convierten en algo que impregna cada conversación deportiva, cada grupo de amigos, cada cena familiar donde alguien mira su móvil para comprobar un parlay, la percepción cambia. Lo que antes era entretenimiento empieza a verse como invasión.
Qué implica este cambio para apostadores y reguladores en España
España no es EE.UU., pero las tendencias de percepción social viajan. El mercado español ya tiene su propia versión de esta tensión: las restricciones horarias a la publicidad de apuestas, las normas sobre bonos de bienvenida, las campañas institucionales de juego responsable – todo eso responde a una percepción social que, si no es tan negativa como la estadounidense, se mueve en la misma dirección.
Para el apostador individual, la implicación más directa es regulatoria. Si la percepción pública sigue deteriorándose, la regulación se endurecerá. Eso puede significar menos mercados disponibles – los props de jugador están en el punto de mira – o cuotas menos competitivas por mayores restricciones a las promociones. También puede significar herramientas de juego responsable más intrusivas, como límites de apuesta obligatorios o verificaciones periódicas de actividad.
Mi lectura personal: el apostador informado tiene interés en una regulación razonable. Un mercado bien regulado es un mercado con integridad, y un mercado con integridad es un mercado donde los datos significan algo y las cuotas reflejan probabilidades reales, no resultados manipulados. El escepticismo público puede ser incómodo, pero si empuja hacia una regulación que protege la integridad sin eliminar la actividad, el resultado neto será positivo para quienes apostamos con responsabilidad y método. Entender cómo funciona el marco regulatorio que protege ambos intereses es algo que cubro en detalle en la guía sobre regulación de apuestas deportivas en España.
